Casi nadie roba combustible con manguera. Se pierde en motor prendido sin moverse, en desvíos, en viajes que nadie autorizó y en kilómetros que no cuadran con la factura. Todo eso sí se puede mostrar.
El vehículo detenido con el motor encendido gasta y no produce. Es lo primero que aparece.
Desvíos y vueltas personales quedan en el historial del día.
Cuántos kilómetros hizo de verdad cada vehículo, para cruzarlo con la factura del tanqueo.
Acelerar y frenar fuerte cuesta combustible. El puntaje de manejo lo refleja.
Dónde se detuvo y cuánto tiempo, aunque no debiera.
El informe programado muestra si la medida sirvió o no.
Palabras exactas que puede usar en la visita. Sin tecnicismos.
«Sume las horas que sus carros pasan prendidos sin moverse. Ese número solo ya paga el servicio.»
«No le voy a decir que le roban gasolina. Le voy a mostrar cuántos kilómetros hizo el carro y usted compara con la factura.»
«Y el mes que viene comparamos: si no bajó, yo le devuelvo la conversación.»
Usted distribuye con su propia marca. Esta es la lista de a quién le sirve y con qué argumento.
Donde el combustible es el segundo costo después de la nómina.
Muchas paradas, mucho motor prendido, mucho desvío posible.
Donde el equipo trabaja horas y el consumo es difícil de controlar.
Donde el combustible se maneja en tanque propio y se pierde el rastro.
Con un sensor de nivel instalado en el tanque. Con él se ven el nivel, los repostajes y las caídas bruscas que delatan un consumo anormal. Sin sensor, esos informes salen vacíos.
Sí: una caída brusca de nivel con el vehículo detenido es la señal clásica, y queda registrada con hora y lugar.
Parcialmente. Sin sensor se detectan síntomas —motor encendido sin moverse, recorridos no autorizados, kilómetros reales contra los reportados— pero no el nivel del tanque.
El sensor y su calibración. Un sensor mal calibrado da datos que parecen buenos y no lo son, y eso destruye la confianza del cliente en todo el servicio.
Es el argumento que convierte una compra en una inversión.